Junio 3, 2008.
6:10 a.m.
iPod: 50 watts, Hooverphonic
Escribí esto en 1992. No me acordaba de su existencia. Mi vieja amiga Oreyda lo desempolvó de algún lugar de su memoria. Ella debe tener muchos escritos míos como este. Si bien ahora mi escritura es quizás menos dramatica, aún sigo manteniendo una profunda fe en Dios y en la realidad de la oración. Aunque no parezca, así es. Y bueno, este escrito, entre otras cosas, lo confirma. Lo publico, entonces, para que saquen sus propias conclusiones. Gracias Oreyda por guardarlo y por corregir la ortografía, estoy seguro que la mía no era tan buena entonces (aún no lo es)...
Para hacer un update rápido de mi vida, antes del escrito: Sigo atareado, haciendo el commute desde Stamford a NYC, en el trabajo me va mejor, ya me siento mas seguro y con mas ánimo. Lilia me sigue dando amor y comprensión. Las cosas son relativamentes tranquilas. Seguimos con buena salud, que es lo importante y con muchos proyectos. He reconectado con mucha gente gracias a Facebook y eso me gusta. Y bueno..aun sin esperanzas ni proyectos de ir a Venezuela, pero con muchas ganas de volver a ver a mi tierra y a mi gente.
Sigan leyendo, que pondré mas cosas. Aunque la disciplina sigue siendo una de mis carencias, haré el esfuerzo conciente de actualizar mi vida por aquí, para que ustedes la sigan.
En música, el disco de Franco Natallia me tiene loco.
Saludos.
Ahí va el escrito en cuestión, escrito a mis primaverales 16.
Boconó, 01/03/1.992
Hora: 5:02 p.m.
Día: Domingo.
Estoy solo, en el patio de la casa de mi abuela, con un cielo ennegrecido que suaviza la tarde, un aroma a café circula en el aire, montañas claras y verdes enseñan su desnudez a los últimos y pocos rayos de sol que se asoman entre las nubes, aún en las hojas (verdes tan verdes) se pueden ver las gotas de lluvia y rocío, a lo lejos escucho el rumor de pájaros y niños…
Todo está tan perfecto. Cierro mis ojos… mi mente ya no pesa ni condena mis actos; soy libre, atrás están las mentiras, el odio, los celos, el vacío…
¡Dios! El viento me pega en la cara y hace que mi franela blanca revolotee y me haga volar, alto, alto, donde no hay porqué, donde no hay interrogantes, en un sitio místico, donde siento la presencia de Dios, donde siento su bendita mano mientras me dice “salud hijo” y me redime de mis pecados.
Ahora vuelo, alto, alto, no hay límite, donde nunca ningún mortal ha llegado, tocando lo que nadie ha tocado, sintiendo lo que nadie ha sentido, oyendo lo que nadie ha escuchado…
Está atardeciendo, las nubes se ha disipado un poco. Un rayo de luz me toca mi cara, me abre los ojos y veo el sol que cae, que se une con las montañas en un acto casi sexual, etéreo, poderoso. Viene una ráfaga de viento y revolotea un poco algunos de mis cabellos. Entonces regreso. Me encuentro de frente al sol, con todos los brazos abiertos, y con lágrimas en mis ojos grito: “Gracias, Dios mío”.
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3 comentarios:
Excelente escrito!
Hermoso y sincero.
Hablando de ortografía, puedes corregir esta parte: "las nubes se ha disipado un poco" las nubes es plural :)
Saludos
JesusM
Siempre dije que ese era un escrito que merecía publicarse algún día. Puro como todo lo que nace en la juventud... intenso, bastante intenso. Te he conocido como persona creyente en Dios, no de iglesia y golpe de pecho, sino aquella que se embarga de misticidad para acometer empresas; y optimista, aunque digas lo contrario.
Dijo Hanni Ossott acerca de Rilke: "cuando usted se sienta preso y desesperado, recuerde que todavía le queda la infancia"... Así que ahí queda eso, para recordar que hay partes de nosotros mismos que no debemos olvidar.
Me imagino que tú tendrás algunos escritos míos también, que ni recuerdo.
Que lo disfrutes.
Salud.
Oreyda.
lo bueno de la infancia es que siempre hay alguien que se queda con algo de uno, a ti y a Yeya les toco quedarse con algo de ambos... este escrito expresa lo que es sentise cerca de dios.. comulgar con el a cada instante.. basta con cerrar los ojos y sentir... SOLO ESO SENTIR!!! MMMUUUUAAAAAA
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